martes, 3 de abril de 2012

Jugar con uno

Esta vez traigo algo que escribí hace un tiempo, confundida. Espero que mi confusión no se haya trasladado a las palabras que usé para desentrañarla. Recomendación: lea despacito.


En estos días me entregué a leer la Fenomenología del Espíritu, y soy consciente de que es una tarea de mucho tiempo y dedicación. Me gana la pretensión de entender cómo observa Hegel las relaciones entre el destino, la causalidad y las decisiones que nos vemos forzados a tomar. Cómo todo esto influye en la determinación del saber y del individuo mismo frente a la sociedad es una cuestión, a mi juicio, de suma importancia.


Mis dudas básicas y una aproximada respuesta, también básica y extremadamente intuitiva, están salpicadas en Los laberintos de mi ilógica. En el momento en el cual nos enfrentamos con lo que viene dado históricamente, las decisiones que tomamos nunca garantizan por sí mismas los resultados. Pero las consecuencias de esas decisiones hacen a la esencia de uno, a la propia existencia.
Jugar con uno es entonces apostar por una acción (y antes de eso, pensar e interpretar), decidir sabiendo que, más tarde o más temprano, nos convertimos en el eco, el resultado que quedó de aquella apuesta.


Laberintos de mi ilógica

Recuerdos de un mañana previsible,
como si ser hombre no alcanzara para ser.

Tal vez este otro día
en que me encuentro predecible
podría olvidar los tiempos,
y ser, tan sólo eso,
esta vez.

Pero los años en recuerdos se entrelazan como rieles
y pierdo las nociones
y vuelvo a reencarnarme
en un espectador de identidades ilegibles
casi como un capricho de no ser
y ser otro
a la vez.

Hoy soy también el eco
de instantes decisivos.
Y a veces me arrepiento
y me concibo diferente.
Los días se abren paso en este horóscopo falible
devenido en capricho,
en otro eco predecible.

Y en ese recorrido,
quizás ahora conciente,
me encuentre y me reescriba
en propias utopías.

Pero, otra vez,
vencida por el empeño y el apuro
en hacerme de respuestas,
los laberintos de mi lógica flexible
culminarán efímeros y exactos
en asertos que no existen
o no puedo probar.

Luego, cualquier conclusión
hija de alguna fatiga,
no será menos confusa
que la propia existencia.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Alguna trascendencia

Volví con una segunda entrada que debería haber hecho hace tiempo en algún blog, o algún intento, anterior. Pero recién ahora, que le estoy dando forma a un nuevo proyecto, es que me siento lista para compartirme. Vengo con el miedo que se deriva del ego mismo, de ponerme a prueba en las visiones de otros. Pero hoy me gana la ansiedad de una propuesta. Ésta, como tantas otras, es una poesía que también es letra, que también es canción, que a su vez es parte de un proyecto, que también soy yo.

Más adelante me compartiré entera -o al menos en gran parte- cuando la propuesta que ahora estoy moldeando esté lista para ser interrumpida. Con el tiempo y la distancia, las cosas toman forma. 



Perspectiva

Lo impenetrable se queda
inmóvil y lejano.
Mutando queda,
allá adentro.
Por fuera, sigilo y llano.

Planicie oscura, ya intervenida
después de verde, después de flor.
Nadie atestigua, nada evidencia
aquella esencia corrompida.

Ahora te miro, que ya me voy
después de arte, después de ciencia.
Yo sí mutante, ya no planicie
participante pero pasiva.

Y lo impenetrable se queda
inmóvil y lejano.
Mutando queda allá,
adentro.

martes, 1 de noviembre de 2011

Lo que la era digital pasó por encima

De él tengo sólo unos poemas desparramados en una antología de la Fundación Argentina para la Poesía, en internet no lo encontré nunca...
Otro poeta que cayó en el olvido, argentino, que lo disfruten.


Desde la ventana (Agustín Bronzatti)

A ciertas horas
recordar es perpetuarse.
La palabra es sólo
un fatigado escarabajo
detenido en el silencio.

En momentos así
perseveran ausencias y presagios;
cansinas estrellas
toman por asalto la ventana.
Lo que nunca fuimos;
lo que ya no seremos.

Y deviene otra noche impensada,
como si arribara de otro tiempo
a conjugar un verbo imperfecto;
los seres amados perdurando
en el cáliz de la memoria,
acuñados por siempre en la sangre.

Noche de crucifixiones vanas.
Alguien muere herrumbrado en una celda
con los sagrados sacramentos de su dolor;
alguien nace, amado y anónimo,
alguien camina hacia ninguna parte
de la mano de su sombra.

En noches así
se interpretan los oráculos
y el significado del desaliento;
un coro de niños fatigados
se derrumba en los andenes del sueño
bajo el constante frío del desamparo.

Es que la noche tiene subterfugios,
aliados, como el silencio o la muerte.
Sabe ensamblar fantasmas y temores,
pájaros dormidos y densos insomnios,
mientras ejercita la eternidad
a nuestras espaldas.

En noches como ésta
uno aventura el amor desandándolo,
volviendo a un tiempo irrecuperable,
legítimo y nuestro,
con otros rostros y otras voces
testificando
con crueles signos
el anverso y reverso de la soledad.